EQUIGÉNESIS

Una cita del libro “Perdiendo el Edén. Por qué necesitamos estar en contacto con la naturaleza” de Lucy Jones Editorial Gatopardo Ensayo.

 Hay libros que necesitan leerse con marcadores, fichas y que a lo largo de su lectura se convierten en una intrincada red de notas, llamadas, signos…

Este es uno de ellos, porque Lucy Jones ha tratado de compendiar en él los hallazgos científicos de los últimos cuarenta años que relacionan directamente la salud humana con un hábitat saludable y por lo tanto con la misma salud del planeta Tierra en el que habitamos. Desde luego, no es un libro que incite al optimismo. Indudablemente todavía hay esperanza, pero también poco margen de tiempo para realizar los cambios necesarios.

¿Es posible que, desde el sistema que ha creado los mayores problemas a la Tierra y a la Humanidad, surjan las soluciones a esos mismos problemas?

Josep María Mallarach https://www.researchgate.net/profile/Josep_Maria_Mallarach

en una entrevista reciente respondía a esta pregunta:

La ideología que sostiene las tendencias insostenibles en las que estamos inmersos es materialista y tecnocrática, se fundamenta en un optimismo irracional, fomentando el crecimiento exponencial del consumo de recursos para mantener el crecimiento económico continuo. Lo sostiene una ideología dogmática exclusivista, que postula el desarrollo material ilimitado, hasta transformar la especie humana como pretende el denominado transhumanismo. La prueba del error fundamental de esta ideología es que genera unos niveles de desigualdad, degradación y destrucción psicológica, vacío existencial, que han hecho que la civilización moderna ya haya superado la capacidad bioproductiva de la Tierra generando una destrucción de la vida en la Tierra sin precedentes en la historia humana.

Afortunadamente, mientras algunos buscan alternativas de supervivencia en la migración a otros planetas, en el libro de Lucy Jones desfilan una larga lista de personas ligadas a la investigación científica y teorías que apuntan por la preservación de nuestra madre Tierra y de nosotros sus hijas e hijos de diferentes especies.

Uno de estos es el profesor Mitchell de la Universidad de Glasgow que se planteó:

¿Podría acaso el contacto con la naturaleza reducir las desigualdades socioeconómicas en el ámbito de la salud?

“Si un entorno es equigénico, es capaza de reducir la diferencia entre ricos y pobres debilitando así la relación entre desigualdad socioeconómica y desigualdad en salud. Debido a sus numerosos beneficios, los entornos naturales son potencialmente equigénicos

Mitchell formuló la hipótesis de que la desigualdad sanitaria vinculada al nivel de ingresos sería menos pronunciada en aquellas poblaciones que tuviesen una mayor exposición a la naturaleza, porque la naturaleza reduce el nivel de estrés y favorece la resiliencia.

Su estudio se publicaba en The Lancet en 2008, concluía que era posible que los barrios más verdes mitigasen los efectos negativos que la escasez de recursos ejerce sobre la salud. Según Mitchell y Frank Popham, los beneficios potenciales de estar en contacto con la naturaleza eran más destacados en las personas que procedían de entornos más pobres y estaban bajo mayor estrés.

Conclusión: Los sectores “bienestantes” de nuestras sociedades pueden procurarse alivio a su estrés costeándose vacaciones o residencias en zonas verdes pero los sectores “en riesgo de exclusión social” sólo tendrán esa posibilidad si el acceso a la naturaleza lo tienen garantizado en su entorno.

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